Actualmente los chocolateros nos movemos entre una cantidad ingente de orígenes, porcentajes de cacao, tipos de haba, añadidos y procesos que dejarían fuera de juego e indeciso al mismísimo Sloth de los Goonies. Si también estás perdido en Chocolatelandia y con ganas de abrirte a nuevas sensaciones, es posible que las siguientes recomendaciones del equipo de El Comidista y otras voces de solvencia contrastada te hagan la vida más dulce (aunque con el punto justo de amargor, un toque tostado y aroma a frutos secos). No son los chocolates más baratos del mundo, pero tampoco están pensados para zumbarte una tableta entera de «munchie»: son para saborearlos poco a poco y olvidar durante un rato que el mundo es un sitio tirando a gris, España está ingobernable y Hacienda no somos todos.